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RECUPERACIÓN DE OLIVAR DAÑADO
El abonado es una práctica de cultivo que tiene como objeto restituir al suelo los nutrientes que la planta extrae, o enriquecer éste cuando la concentración en uno o varios es insuficiente como para asegurar la correcta alimentación del olivar. En la programación del abonado debe tenerse en cuenta simultáneamente los siguientes factores: el tipo de suelo y sus contenidos en nutrientes, considerando la capacidad de este para bloquear o absorber los nutrientes; productividad media de olivar y el desarrollo vegetativo de los árboles; el historial del abonado realizado en años anteriores; el estado nutritivo de los árboles y los posibles estados de deficiencias; y en los regadíos el contenido de nutrientes de las aguas empleadas, así como otras eventuales aportaciones. En base a todo ello un especialista podrá realizar un programa sostenible de abonado que permita una buena producción, y además mantenga a largo plazo la fertilidad del suelo. A continuación vamos a realizar una rápida revisión de recomendaciones sobre el abonado en el olivar. NITRÓGENO El Nitrógeno es un elemento esencial en la fertilización, que induce una rápida reacción del árbol, acelerando la actividad vegetativa y el desarrollo de la planta, y en multitud de situaciones agronómicas proporciona aumento de producción y una interesante rentabilidad al gasto realizado. La adecuada alimentación del nitrógeno (que además de formar parte de las proteínas, está implicado en numerosos mecanismos fisiológicos y metabólicos entre otros) depende fundamentalmente de la disponibilidad de agua en el suelo. En cultivos de secano, deberá acomodarse las aportaciones en las fechas en las que haya humedad en el suelo. En general, se recomienda la aportación de nitrógeno a la salida de invierno o principio de primavera, habiéndose demostrado que las formas amoniacales o las ureicas, de más lenta liberación al fijarse el NH4+ al complejo de cambio, son más eficientes que las formas nítricas. Las aplicaciones tardías parecen a priori menos eficaces, debido a la frecuencia con que de presentan primaveras secas. En verano solo debe hacerse aportaciones en olivares de riego empleando las técnicas de fertirrigación o por vía foliar aprovechando algún tratamiento fitosanitario. En olivares de secano de Andalucía, Ortega Nieto (1964) y Ferreira y col. (1986) encontraron respuesta al abonado N cuando trabajaban con árboles con un cierto nivel productivo. Estos autores recomiendan dosis de nitrógeno de mantenimiento en función de la producción, recomendaciones que se representan en la tabla 1.
Los conceptos anteriores son aplicables a olivares con un estado nutritivo satisfactorio, contenido de N en hoja superior al 1,5% sobre materia seca (muestreo en julio), pero en el caso que no se alcance este nivel (estados nutritivos bajos o deficientes) deberá aplicarse cantidades superiores a las referidas hasta corregir las deficiencias nutritivas, o si la aportación ha sido poco eficaz variar el sistema de fertilización (fertilización foliar o fertirrigación en olivar de regadío). Actualmente se han perfeccionado las técnicas de fertirrigación en los olivares con riego por goteo, lo que permite aplicar el nitrógeno cuando el árbol más lo necesita y junto con el agua de riego, sin tener que depender de un factor tan errático como es la lluvia, consiguiendo así, probablemente, una mayor eficiencia en la aplicación del fertilizante. De forma orientativa recomendamos aportar 15 Kg. de N por tonelada de aceituna (50% humedad), fraccionando la aplicación: un 35% de la dosis total anual en primavera, un 55% en verano y un 10% en otoño.
FÓSFORO El fósforo (P) es un elemento imprescindible para la vida de los vegetales, interviniendo en la división celular y el desarrollo de los tejidos meristemáticos. Además está implicado en el transporte de la energía capturada por la fotosíntesis. En suelos calizos existe fosfatos cálcicos de muy lenta liberación y fosfatos tricálcicos insolubles. Al aportar P al suelo puede haber una fijación irreversible del mismo, siendo el P orgánico el más fácilmente movilizable por la movilización del humus. La dificultad de asimilación en suelos calizos puede estar compensada en parte por la simbiosis de las micorrizas con las raíces. La deficiencia o carencia de fósforo en olivar (<0.1% sobre materia seca en hoja tomadas en el mes de julio) es poco frecuente. Sin embargo en Andalucía, en ocasiones puede observarse bajos contenidos de P en hoja en suelos ácidos o en suelos calizos en el que el P asimilable está muy por debajo del umbral de suficiencia. La corrección a corto plazo de deficiencias de P, puede realizarse mediante aplicaciones foliares de fosfato monoamónico (1-2%). Las aplicaciones convencionales del fósforo en el olivar de secano cultivados en terrenos calizos suelen ser poco eficaces a corto plazo, obteniédose respuesta sólo a muy largo plazo, siendo su rentabilidad normalmente baja. La fertilización de P se debería realizar cuando los análisis foliares y de suelo así lo indiquen. En olivares de riego en la comarca de Loma (Jaén), donde son frecuentes suelos pobres en P y alta producciones, la fertirrigación empleando en olivares tradicionales 800 g/olivo de ácido fosfórico (52% P2O5) ha permitido resolver con rapidez una situación generalizada de bajo P en hoja. De forma orientativa, en olivares bien nutridos recomendamos aportar 4kg de P2O5 por tonelada de aceitunas (50% humedad), fraccionando la aplicación del modo siguiente: un 70% de la dosis total anual en primavera, y un 30% en verano.
POTASIO El potasio (K) se encuentra principalmente en forma iónica en las vacuolas celulares es muy móvil dentro de la planta, actuando en la formación de hidratos de carbono y grasas, así como en los procesos asimilación respiración y movimiento del agua en la planta, estando implicado en la regulación de la apertura y cierre de los estomas. Por esta razón, los árboles con niveles bajos de K pueden ser más sensibles al frío, a la sequía y al ataque de hongos ("repilo" fundamentalmente). Actualmente el potasio es el elemento, desde el punto de vista nutritivo, que causa mayor problema en el olivar andaluz. Normalmente se encuentran concentraciones relativamente altas en estos suelos, aunque puede estar bloqueado por los carbonatos o absorbido por las arcillas. El consumo del árbol aumenta a medidas que se va desarrollando el fruto, actuando éste como sumidero, acumulándose en la aceituna madura, grandes cantidades de este elemento. Por esta razón es aconsejable realizar una recogida temprana de la aceituna, ya que su retraso no aporta ningún beneficio y solo consigue aumentar las extracciones de este elemento por el fruto. En un estudio realizado en Córdoba durante 6 años en olivar intensivo muy productivo, se observó que, sobre el control no tratado, los árboles donde se consiguió un mayor nivel de K (superior al 0.8%) fueron en los que la producción fue mayor. En olivar de secano en suelos calizos, el abonado con potasio al suelo no es a corto plazo muy eficiente. Las aplicaciones foliares puede ayudar a corregir las carencias de potasio y contribuir a aportar a la planta las cantidades que ésta necesita. Dichas aportaciones suelen realizarse con nitrato potásico, cloruro potásico o sulfato potasio a concentración de 1.5 a 2.5 % p/v aplicadas en primavera, verano y otoño aprovechando los tratamientos fitosanitarios ("repilo" y "pray"). Tanto el nitrato como el sulfato o cloruro de potasio son bien absorbidos foliarmente por el olivo, observándose un aumento en los contenidos de este elemento en la hoja. En dicho estudio se constató mayor producción y un mayor rendimiento graso. En riego, Troncoso (1994) recomienda la aplicación en plantaciones intensivas de 250 a 350 g/olivo de K2O. De forma orientativa en olivares bien nutridos recomendamos aportar entre 15 y 20 Kg de K2O por tonelada de aceituna (50% humedad) de forma fraccionada, aportando un 15% de la dosis total anual en primavera, un 40% en verano y un 45% en otoño.
OTROS ELEMENTOS Boro La deficiencia de este elemento no es muy común en olivares que vegeten en suelos calizos. Las necesidades máximas de éste elemento se produce durante la floración, La corrección de la carencia de boro puede hacerse aportando al suelo 200 gr por árbol y año de borato sódico al final del invierno, o bien mediante aplicaciones foliares, unos 30 días antes de la floración o al inicio de la brotación, a base de soluciones de una formula comercial de borato sódico (20.8% B) al 0.5%. Hierro La carencia de hierro (Fe) es frecuente en algunas zonas del olivar andaluz, en articular en olivares cultivados sobre suelos muy calizos. El análisis foliar no es eficaz para diagnosticar la deficiencia en hierro. Por tanto, la determinación de esta carencia ha de hacer por una persona experta en función de los síntomas visuales. Para la corrección de la deficiencia de hierro, la aplicación de quelatos Fe-EDDHA en fertirrigación, a dosis de 50 g/olivo de un Fe-EDDHA con 3.2% de Fe en posición orto-orto en olivar tradicional, ha proporcionado excelentes resultados. En el olivar de secano el quelato puede ser aplicado mediante inyecciones a presión en el suelo, con el terreno en empero y alrededor del árbol. La aplicación de fosfato de hierro (vivianita) inyectados al suelo ha proporcionado un excelente resultado. Las aplicaciones foliares con compuestos de hierro proporcionan unos resultados poco satisfactorios en general, y muy poco persistente en el tiempo. Calcio El olivo tiene una marcada preferencia por los terrenos moderadamente calizos, siendo más sensibles a la deficiencia de calcio (Ca) que otros cultivos. En suelos ácidos o arenosos sí pueden ser frecuentes los estados de deficiencia, determinados mediante el análisis foliar (<1,0% sobre materia seca en hojas tomadas en le mes de julio) e incluso visualmente. En estos casos es necesario realizar una corrección, pudiendo ser recomendable la práctica del encalado del suelo. En olivares de riego por goteo, la aportación de nitrato cálcico en fertirrigación puede proporcionar resultados interesantes, aunque la aplicación al bulbo humedecido de piedra caliza o dolomítica muy finamente dividida puede ser obligada en estos casos. Magnesio Son raros los casos en los que se ha descrito la carencia de Mg en el olivo, manifestándose síntomas visuales para contenido en hoja inferior al 0.07% en muestra tomada en el mes de julio. La corrección de la deficiencia en Mg puede realizarse mediante pulverización foliar con sulfato de magnesio (epsomita) a las dosis orientativas de 0.7-1.0%. En algunos casos el abonado en el suelo puede ser igualmente recomendable. Manganeso Se conoce poco sobre las necesidades del olivo en este elemento, considerándose que con concentraciones en hoja por debajo de 20 ppm debe recurrirse a su corrección. Esta corrección se ha conseguido mediante aplicaciones foliares de sulfato de manganeso a concentraciones de 0.5% en otoño y en primavera. Su mezcla con una sustancia húmica puede ser interesante.
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