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Corría el 1880
cuando un pequeño propietario de Carteya, Francisco Aranda, intentó
sacar de raíz un chaparro en una propiedad que tenía en Las Cumbres
cerca de la Torre del Puerto.
El encargado de
hacerlo, Francisco Roldán Cuevas, conocido por Frasquillo Jerez,
sacó el pie del Chaparro y una vez ahondado lo suficiente
encontraron debajo dos vasijas de barro oscuro en forma de ánforas,
las cuales convirtieron en mil pedazos para ver qué contenían.
Estaban llenas
de monedas árabes.
Se las
entregaron a D. Joaquín Valera, diplomático y subsecretario del
Estado, residente en cabra, el cual se las cambió por su peso en
plata usual y corriente.
Este preguntó
sobre las vasijas que lo contenían y, si grande fue el descontento
al saber que las habían roto, más fue el de los primeros al saber
que el Sr. Valera les habría dado más dinero por las vasijas que por
su contenido.
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